Historia Monástica

Orden de San Benito – Monjes Benedictinos


La vida monástica es la forma más antigua de la vida religiosa en la historia del mundo y de la Iglesia.

Los primeros monjes cristianos vivieron en el desierto de Egipto, Siria y Palestina, buscando seguir el ejemplo de Jesús y de sus discípulos, como se lee en el Evangelio y en los Hechos de los Apóstoles. Sobre todo querían dedicar su tiempo a la oración y a una vida sencilla de comunidad para así predicar y compartir el Evangelio, no tanto con su palabra sino con su propia vida.

Con el tiempo, la vida monástica llegó a ser la fuerza más grande de evangelización y de civilización que el mundo haya conocido. Todos los países de Europa, al igual que Rusia, Medio Oriente y gran parte de África, fueron evangelizados por los monjes.

A lo largo de la historia, miles de cristianos que abrazaron el espíritu del monacato llegaron a la santidad, como por ejemplo…san Antonio Abad, san Basilio, san Jerónimo, san Gregorio Magno, san Cirilo, san Metodio, san Anselmo, san Bernardo, santa Gertrudis… Fue san Benito, un monje italiano del siglo VI, quién redacto una famosa regla para monjes, basada sobre todo en el Evangelio, que con su equilibrio y caridad guío a muchos.


Los primeros colegios y universidades, hospitales, hoteles y granjas del mundo moderno se deben a los monasterios; muchas ciudades surgieron entorno a muchos de ellos. Los monasterios llegaron a ser y siguen siendo centros de irradiación cristiana, no sólo teórica sino práctica, viviendo con fidelidad su lema de “ora et labora” (orar y trabajar).

Hoy en día hay más de 15,000 monjes en el mundo que siguen la Regla de san Benito. En el Perú se encuentran dos pequeños monasterios de monjes benedictinos, uno en Chuchito-Puno, con una pequeña casa en Naña-Lima y otro en Pachacámac-Lima. Además tenemos hermanas benedictinas en tierra piurana en Sechura y Morropón.

Los monjes benedictinos del Monasterio de la Encarnación, que desde 1981 vivimos en la zona de Tambogrande-Piura; ahora desde el año 2006 nos encontramos en la Diócesis de Lurín, a unos tres kilómetros del pueblo de Pachacámac, en las faldas del cerro Tomina, en el sector del mismo nombre.

Ahí vivimos en el silencio del campo, dedicándonos a cantar juntos las alabanzas del Señor día y noche en la Liturgia de las Horas, a orar y leer la Biblia en la soledad de la celda, a trabajar la tierra, a acoger huéspedes para retiros, manteniendo siempre vivo, para la Iglesia y el mundo entero, el fuego abrasador de la vida espiritual.

Si quién lee estas líneas siente que Dios lo llama a una vida disciplinada de retiro, oración y trabajo; de comunidad y soledad, puedes visitar nuestro monasterio para conocer más de cerca la vida de los monjes.